LA MAPUESCUELA

Una experiencia educativa que inspira…

En las afueras de Santiago, en la comuna de Padre Hurtado, emerge un proyecto educativo que desafía las convenciones y abre camino hacia un nuevo paradigma: la Mapuescuela. Fundada hace tres años por la periodista mapuche Eugenia Calquin, este oasis educativo es mucho más que una escuela: es un testimonio vivo de la autogestión y el compromiso con la identidad cultural mapuche y los principios del buen vivir.

En un ambiente donde los procesos de evaluación integral, reemplazan a las notas tradicionales y la cosmovisión mapuche se entrelazan en cada asignatura, la Mapuescuela busca potenciar no sólo la dimensión intelectual, sino también la integridad del ser de sus 15 chilkatufe (estudiantes). Aquí, el aprendizaje va más allá de los libros de texto; se construye a través de talleres de telar, huertos, la preparación de hierbas medicinales, la economía cooperativa, cocina, radio y comunicación, entre otras actividades que no solo fortalecen las habilidades prácticas para el mundo, sino que también fortalecen el vínculo con la naturaleza y el sentido del ser.

El impulso detrás de esta iniciativa surgió de largas conversaciones entre mujeres que, entre mates y trabajos artesanales, vislumbraron la necesidad de un cambio profundo en el sistema educativo. Desde entonces, la Mapuescuela ha florecido como un espacio donde el saber y el corazón se entrelazan en la construcción de una comunidad educativa única.

“Es una construcción colectiva donde cada palabra tiene su lugar”, explica Eugenia Calquín, Directora y Fundadora de la Mapuescuela, quien destaca el enfoque integral y colaborativo que define su modelo educativo. Con un equipo multidisciplinario de kimelfes (profesores) dedicados a diferentes saberes, la escuela no solo sigue el currículo ministerial, sino que también incorpora talleres y formaciones alternativas que enriquecen el proceso de aprendizaje.

Para Valeria, Subdirectora y Kimelfe de la Huerta, la Mapuescuela es más que un lugar de estudio: es un laboratorio de vida comunitaria donde cada acción educativa busca conectar a los estudiantes con su entorno natural y cultural. “Fomentamos una educación significativa que trasciende a otros ámbitos, integrando la huerta con disciplinas como matemáticas y ciencias”, explica Valeria.

Oriana, psicopedagoga y profesora de ciencias, historia y lenguaje, encontró en la Mapuescuela un refugio para su visión educativa más humana y reflexiva. Ella apoya a los estudiantes en su camino hacia los exámenes libres, promoviendo un enfoque que valora las habilidades cualitativas y el compromiso con el aprendizaje autónomo.

Cristina, quien ejerce como profesora de matemáticas, destaca cómo esta forma más integral de educación ha servido para fortalecer el aprendizaje y el sentido de pertenencia de los niños y niñas. Así mismo, rescata el valor del grupo humano con el que trabaja, donde se promueve una cultura de cooperación y se comprende que cometer errores constituye una etapa esencial del crecimiento y aprendizaje.

La Mapuescuela no solo educa a sus pichikeche, sino que también educa a la comunidad en su conjunto, empoderándolos para enfrentar un mundo en constante cambio, con valores éticos y una conexión profunda con sus raíces. Es un ejemplo inspirador de cómo la educación puede transformarse cuando se construye desde la base, con amor, respeto y un compromiso inquebrantable hacia un futuro más amable, respetuoso, justo y colaborativo.

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