Weheken-chen

El arte Marcial Selk’nam que se niega a morir

En el susurro del viento, se escuchan las voces de los guerreros Selknam, contando historias de batallas y victorias, de rituales y tradiciones. Un viento que lleva consigo el legado de un pueblo milenario, En el confín austral, donde la tierra se funde con el cielo, habita el pueblo Selknam. Hombres y mujeres de piel curtida por el frio, viento y alma esculpida por la crudeza del sur, forjados en una naturaleza indómita y moldeados por una cultura milenaria. Entre sus tradiciones, destacaba el weheken-chen, una danza de guerreros que trascendía lo físico para convertirse en un ritual de honor, valentía y conexión con los espíritus ancestrales.

Bajo el frío austral, dos cuerpos se entrelazaban en un combate sin armas. No era una simple competencia, sino una prueba de fuerza, destreza y espíritu. una forma de pasar el tiempo cultivar y entrenar sus cuerpos para soportar las inclemencias del frío austral, y adquirir destrezas necesarias para la caza y defender el territorio.

Los luchadores, a torso descubierto, ungidos con grasa animal y adornados con pigmentos naturales, se movían en un círculo sagrado, observados por la comunidad que los animaba con cánticos, tambores y el sonido de sus puños golpeando el suelo, Dos modalidades se desplegaban en este ballet de guerreros: el empuje, donde la fuerza bruta empujaba al rival hasta sacarlo del círculo, y el derribo, donde la técnica y la astucia buscaban desequilibrar al oponente, utilizando sus brazos y su torso, quedando excluido el uso de las piernas. 

En una horizontalidad inclusiva, tanto hombres y mujeres medían sus fuerzas, separados por género, respetando las diferencias físicas, con leves cambios en sus técnicas considerando diferencias biológicas, pero con la misma valentía y espiritu de lucha.

En el círculo sagrado, los luchadores se enfrentaban, no solo con sus cuerpos, sino también con sus espíritus. Cada movimiento era una expresión de su voluntad, de su conexión con la tierra y con el legado de sus antepasados, el weheken-chen no era una lucha por la victoria, sino por el honor. Era una prueba de fuerza, destreza y valor, pero también una celebración de la vida y la comunidad. Al ritmo del ‘hok, hok, hok’, los corazones de los guerreros laten al unísono, creando una sinfonía de fuerza y espíritu. Los cánticos de la comunidad se elevaban hacia el cielo, mezclados con el rugido del viento austral, en una danza ancestral que conectaba a los vivos con los espíritus.

El weheken-chen no solo era una práctica cultural y deportiva, sino que también cumplía con los requisitos para ser considerada un arte marcial.

Características que lo convierten en un arte marcial:

  • Sistema de combate: El weheken-chen poseía un sistema de combate estructurado, con técnicas específicas de agarres, empujones y derribos.
  • Preparación física y mental: Los luchadores se preparaban físicamente y mentalmente para el combate, lo que incluía entrenamiento físico, ayuno, oración y baños rituales.
  • Código de honor: El weheken-chen se regía por un código de honor que dictaba las normas del combate y el comportamiento de los luchadores.
  • Eficacia en combate: El weheken-chen era una forma de combate efectiva, utilizada para la guerra y la defensa personal.

El Weheken-chen era parte de una de las muchas disciplinas que practicaban los habitantes del extremo austral, como parte de su entrenamiento para soportar las inclemencias del tiempo, se destacaban la arqueria, una de las mas precisas del mundo segun los Historiadores de la arqueria mundial y correr en velocidad para atrapar a sus presas, perfeccionaron esta tecnica, para la caza, arrancando la carrera agazapados desde el suelo, alcanzando velocidades que facilmente competirian con un atleta actual segun estudios recientes.

Lamentablemente, el weheken-chen estuvo a punto de ser silenciado por la colonización. El pueblo Selknam, víctima de un genocidio a finales del siglo XIX y principios del XX, vio cómo su cultura y tradiciones eran arrebatadas, sin embargo, el legado del weheken-chen no se ha extinguido. Descendientes de aquellos guerreros mantienen viva la llama de esta tradición, impartiendo clases y organizando eventos para que las nuevas generaciones conozcan este legado milenario, Mauricio ‘Mahuok’ Astroza, Preparador fisico, descendiente del pueblo selknam, hablante de su lengua, ha realizado un increible esfuerzo por mantener vivo este arte de combate.

En la Ruka Rangiñelwe del parque O’Higgins un espacio magico dentro de la urbe Santiaguina, donde el viento susurra historias olvidadas, el weheken-chen sigue danzando, gracias a la escuela de weheken-chen levantada por Mahuok descendiente del pueblo selknam, mas un puñado de entusiastas cultores de deportes ancestrales, el espacio facilitado por los peñis del pueblo Mapuche, demuestra un actual ambiente de hermandad y cooperacion, entre las nuevas generaciones, en un fuerte eco de la fuerza y el espíritu de un pueblo. Un espíritu que resiste, que se reinventa y que busca un lugar en el mundo actual, un mundo que necesita más que nunca redescubrir el valor de la tradición, la conexión con la naturaleza y la fuerza del espíritu humano.

El Weheken-Chen es una fogata ardiente,de aquellas que le dieron su nombre a esa tierra indomita, aquellos fuegos que aterrorizaon tanto a magallanes como a corsarios, un fuego austral que resiste ser extinguido, un legado que debemos proteger y transmitir a las futuras generaciones, el weheken-chen sigue latiendo y siendo un fuego de esperanza en un mundo que muchas veces olvida sus raíces. Un fuego que nos ilumina el camino hacia un futuro donde la diversidad cultural sea valorada y celebrada, donde las tradiciones ancestrales se fusionen con el presente y donde el espíritu humano brille con fuerza y plenitud.

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